martes, 21 de febrero de 2017

VIGENTE HASTA HOY




Oscar Arias: en Latinoamérica, «Algo hicimos mal»


El discurso del presidente de Costa Rica, Oscar Arias, en la Cumbre de las Américas de Trinidad y Tobago, el pasado 18 de abril, constituye un lapidario testimonio de la realidad latinoamericana y de las causas de nuestro atraso. Arias sostiene que el enemigo de América Latina es el analfabetismo y la falta de visión de nuestros dirigentes políticos. Los errores son nuestros y no de otros -señala-, y exhorta a hacer los cambios necesarios hoy mismo.

Arias, forjador de la paz en América Central en 1986 mediante el Acuerdo de Esquipulas, Premio Nobel de la Paz en 1987 y Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Iberoamericana en 1988, nos hace ver que aún nos falta mucho para alcanzar el anhelado desarrollo pero que tenemos en nuestra gente las herramientas para lograrlo. Estas fueron sus palabras en la Cumbre de las Américas.*
Imagen tomada de Internet
Sr. Presidente de la República:
Tengo la impresión de que cada vez que los países caribeños y latinoamericanos se reúnen con el presidente de los Estados Unidos de América, es para pedirle cosas o para reclamarle cosas. Casi siempre, es para culpar a Estados Unidos de nuestros males pasados, presentes y futuros. No creo que eso sea del todo justo.
No podemos olvidar que América Latina tuvo universidades antes de que Estados Unidos creara Harvard y William & Mary, que son las primeras universidades de ese país. No podemos olvidar que en este continente, como en el mundo entero, por lo menos hasta 1750 todos los americanos eran más o menos iguales: todos eran pobres.
Cuando aparece la Revolución Industrial en Inglaterra, otros países se montan en ese vagón: Alemania, Francia, Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda… y así la Revolución Industrial pasó por América Latina como un cometa, y no nos dimos cuenta. Ciertamente perdimos la oportunidad.
También hay una diferencia muy grande. Leyendo la historia de América Latina, comparada con la historia de Estados Unidos, uno comprende que Latinoamérica no tuvo un John Winthrop español, ni portugués, que viniera con la Biblia en su mano dispuesto a construir “una Ciudad sobre una Colina”, una ciudad que brillara, como fue la pretensión de los peregrinos que llegaron a Estados Unidos.
Hace 50 años, México era más rico que Portugal. En 1950, un país como Brasil tenía un ingreso per cápita más elevado que el de Corea del Sur. Hace 60 años, Honduras tenía más riqueza per cápita que Singapur, y hoy Singapur –en cuestión de 35 ó 40 años– es un país con $40.000 de ingreso anual por habitante. Bueno, algo hicimos mal los latinoamericanos.
¿Qué hicimos mal? No puedo enumerar todas las cosas que hemos hecho mal. Para comenzar, tenemos una escolaridad de 7 años. Esa es la escolaridad promedio de América Latina y no es el caso de la mayoría de los países asiáticos. Ciertamente no es el caso de países como Estados Unidos y Canadá, con la mejor educación del mundo, similar a la de los europeos. De cada 10 estudiantes que ingresan a la secundaria en América Latina, en algunos países solo uno termina esa secundaria. Hay países que tienen una mortalidad infantil de 50 niños por cada mil, cuando el promedio en los países asiáticos más avanzados es de 8, 9 ó 10.
Nosotros tenemos países donde la carga tributaria es del 12% del producto interno bruto, y no es responsabilidad de nadie, excepto la nuestra, que no le cobremos dinero a la gente más rica de nuestros países. Nadie tiene la culpa de eso, excepto nosotros mismos.
En 1950, cada ciudadano norteamericano era cuatro veces más rico que un ciudadano latinoamericano. Hoy en día, un ciudadano norteamericano es 10, 15 ó 20 veces más rico que un latinoamericano. Eso no es culpa de Estados Unidos, es culpa nuestra.
En mi intervención de esta mañana, me referí a un hecho que para mí es grotesco, y que lo único que demuestra es que el sistema de valores del siglo XX, que parece ser el que estamos poniendo en práctica también en el siglo XXI, es un sistema de valores equivocado. Porque no puede ser que el mundo rico dedique 100.000 millones de dólares para aliviar la pobreza del 80% de la población del mundo –en un planeta que tiene 2.500 millones de seres humanos con un ingreso de $2 por día– y que gaste 13 veces más ($1.300.000.000.000) en armas y soldados.
Como lo dije esta mañana, no puede ser que América Latina se gaste $50.000 millones en armas y soldados. Yo me pregunto: ¿quién es el enemigo nuestro? El enemigo nuestro, presidente Correa, de esa desigualdad que usted apunta con mucha razón, es la falta de educación; es el analfabetismo; es que no gastamos en la salud de nuestro pueblo; que no creamos la infraestructura necesaria, los caminos, las carreteras, los puertos, los aeropuertos; que no estamos dedicando los recursos necesarios para detener la degradación del medio ambiente; es la desigualdad que tenemos, que realmente nos avergüenza; es producto, entre muchas cosas, por supuesto, de que no estamos educando a nuestros hijos y a nuestras hijas.
Uno va a una universidad latinoamericana y todavía parece que estamos en los sesenta, setenta u ochenta. Parece que se nos olvidó que el 9 de noviembre de 1989 pasó algo muy importante, al caer el Muro de Berlín, y que el mundo cambió. Tenemos que aceptar que este es un mundo distinto, y en eso francamente pienso que todos los académicos, que toda la gente de pensamiento, que todos los economistas, que todos los historiadores, casi que coinciden en que el siglo XXI es el siglo de los asiáticos, no de los latinoamericanos. Y yo, lamentablemente, coincido con ellos.
Porque mientras nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías, seguimos discutiendo sobre todos los ismos (¿cuál es el mejor? capitalismo, socialismo, comunismo, liberalismo, neoliberalismo, socialcristianismo…), los asiáticos encontraron un “ismo” muy realista para el siglo XXI y el final del siglo XX, que es el pragmatismo. Para solo citar un ejemplo, recordemos que cuando Deng Xiaoping visitó Singapur y Corea del Sur, después de haberse dado cuenta de que sus propios vecinos se estaban enriqueciendo de una manera muy acelerada, regresó a Pekín y dijo a los viejos camaradas maoístas que lo habían acompañado en la Larga Marcha: “Bueno, la verdad, queridos camaradas, es que mí no me importa si el gato es blanco o negro, lo único que me interesa es que cace ratones”. Y si hubiera estado vivo Mao, se hubiera muerto de nuevo cuando dijo que “la verdad es que enriquecerse es glorioso”. Y mientras los chinos hacen esto, y desde el 79 a hoy crecen a un 11%, 12% o 13%, y han sacado a 300 millones de habitantes de la pobreza, nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías que tuvimos que haber enterrado hace mucho tiempo atrás.
La buena noticia es que esto lo logró Deng Xioping cuando tenía 74 años. Viendo alrededor, queridos Presidentes, no veo a nadie que esté cerca de los 74 años. Por eso solo les pido que no esperemos a cumplirlos para hacer los cambios que tenemos que hacer.
Muchas gracias.

lunes, 20 de febrero de 2017

QUE HACE TRUMP


      Recientemente, hemos leído los comentarios que muchas personas a nivel internacional, vinculadas o no al gobierno de los Estados Unidos de América, han señalado a través de los distintos medios de comunicación social, relacionados con las posiciones del presidente Trump. En lo particular me parece que cada Estado es libre y soberano de establecer las políticas migratorias de acuerdo a su ordenamiento jurídico interno y a sus propios intereses, siempre y cuando respete los tratados internacionales que haya celebrado con el resto de los países que integran la comunidad internacional. 
       No obstante soy de los que piensa y creo que los Estados latinoamericanos, deben fomentar una gran alianza continental en vez de preocuparnos de asociaciones de integración subregionales y sobre todo, dejar de creer que cada uno individualmente considerado, está en capacidad de erigirse económica o militarmente en el hemisferio para subyugar o otro Estado. 
    La política exterior de los Estados Latinoamericanos considerados individualmente, en ocasiones podría darnos la sensación que están bien orientadas y de repente cuando inesperadamente cambian las estrategias de Estados importantes del orbe como es el caso de los Estados Unidos,  en relación con uno o un conjunto de países de nuestro entorno geográfico, repercute quiérase o no en el resto de los Estados latinoamericanos.
   Seguro estoy que algunos gobiernos del área, consideraran oportuno aprovechar esas circunstancias para su propio beneficio, sin embargo eso no constituye una garantía de que eso se mantendrá en el tiempo.  
         Ha llegado el momento en América Latina de entender que las discusiones estériles entre los que se inscriben en el mal llamado  socialismo del  siglo XXI  y aquellos que lo adversan, no conducen a la solución de nuestros problemas sino que por el contrario los agrava. Nos distanciamos en vez de acercarnos y nuestros pueblos se hacen cada vez más pobres y vulnerables. ¿A quién beneficia la postura estadounidense? indudablemente que a los Estados Unidos, ya que el proyecto económico que se quiere instaurar desde allí pretende negociar con cada pais en particular y no con los bloques de integración de la región.
          Esa postura es válida, no es ilegal, es la que le conviene a los Estados Unidos, mientras que no es la mas recomendada para América Latina. ¿Como consolidar y fortalecer los vínculos económicos  entre los distintos grupos económicos y financieros latinoamericanos?. Esa es la clave,  y de eso dependerá nuestro éxito y desarrollo. Lo entendieron los Chinos, Los Hindúes, Pakistaníes, Europa, pero aún nosotros no lo acabamos de entender.  Tenemos una población importante, recursos económicos suficientes, pero carecemos de un plan que nos lleve a la cima del éxito.